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La toxina botulínica es un producto producido de forma natural por la bacteria Clostridium botulinum, responsable de la enfermedad conocida como botulismo, hoy en día, por suerte, poco frecuente, que se adquiría principalmente con el consumo de conservas en mal estado. El resultado era una situación muy grave, en que la bacteria, una vez en el organismo, producía la toxina en grandes cantidades, y ésta actuaba uniéndose a las terminaciones nerviosas musculares y bloqueándolas, impidiendo así la contracción muscular. El resultado era una parálisis, mortal cuando se afectaba la musculatura respiratoria del tórax, ya que el enfermo fallecía por asfixia. Sin embargo, en la actualidad se han encontrado usos médicos muy importantes para esta toxina, siempre purificada (sin la presencia de la bacteria productora) y en dosis muy controladas. Uno de ellos es el uso cosmético, ya que la administración de la toxina (popularmente conocida como botox), en muy pequeñas cantidades, y en puntos muy concretos de los músculos faciales produce una paralización de la contracción de los mismos en las zonas deseadas, como son la de las “patas de gallo” y el “entrecejo”, todas ellas proclives a las arrugas de expresión. El efecto de esta paralización tiene una duración de unos 6 meses, al cabo de los cuales, si se desea mantener el resultado, es precisa una nueva aplicación. Las arrugas de expresión se producen en la piel por contracción repetida de la musculatura facial situada por debajo de ella. Con el tiempo, y con la pérdida de elasticidad cutánea que deviene con la edad, la arruga se acaba marcando de forma permanente, aún sin contracción. El efecto de la toxina botulínica es doble: por una parte, inmediato, ya que la paralización de la musculatura hace que no se forme la arruga; y por otra, de mejora de la piel, ya que ésta, al no verse sometida al plegamiento continuado de la expresión, puede repararse del daño ya producido y mejorar su textura. Muchas pacientes que desearían tratarse con toxina botulínica temen, sin embargo, perder la expresión de la cara; otras tienen miedo de posibles complicaciones para la salud, ya que el término “toxina” suena a peligroso. Sin embargo esta técnica, cuando la lleva a cabo un profesional cualificado y conocedor de la anatomía, con el producto debidamente autorizado y en las cantidades y puntos de aplicación justos, ha demostrado ser hoy por hoy totalmente segura y fiable. En el Centro Médico Prada de Sevilla somos especialistas en la aplicación de inyecciones de toxina botulínica con fines estéticos, y nuestro personal cuenta con la más alta cualificación para ello. El único compuesto de toxina botulínica autorizado en España en la actualidad para usos cosméticos es Vistabel®, de la casa Allergan. Le invitamos igualmente a que visite nuestra sección de noticias sobre el bótox, donde encontrará las últimas novedades y tendencias.
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