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La rinoplastia suele durar entre 2 y 3 horas, aunque en casos complejos puede llevar más tiempo y consiste, fundamentalmente, en modificar las estructuras óseas y cartilaginosas nasales para conseguir una nueva forma que mejore la armonía facial. Para ello, durante la cirugía la piel de la nariz se separa de su soporte, compuesto por hueso y cartílago, que es esculpido con la forma deseada. Finalmente la piel es redistribuida sobre este nuevo soporte. Este procedimiento puede realizarse desde dentro de la nariz (rinoplastia cerrada), haciendo unas pequeñas incisiones en el interior de los orificios nasales, de tal forma que no hay ninguna cicatriz externa visible; o bien de forma abierta (rinoplastia abierta), sobre todo para los casos más complejos, en la que se realiza una pequeña incisión en la columela. En ocasiones, para ayudar a dar forma o sostén a la pirámide nasal, es preciso utilizar como injertos diferentes tejidos del propio paciente (cartílago, hueso) o, más raramente, materiales sintéticos. Cuando se completa la cirugía, se coloca una férula de yeso u otro material, que ayudará a mantener la nueva forma de la nariz, y que habrá de llevarse durante una semana. También se colocan tapones nasales en ambos orificios para evitar el sangrado y estabilizar el tabique nasal, que se retiran al día siguiente o 2 o 3 días después de la intervención, según requiera el caso.
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