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Tanto los lipomas como los quistes sebáceos son acúmulos de grasa localizados bajo la piel. La diferencia es que los lipomas son conjuntos de células adiposas o adipocitos, que crecen juntos formando una masa redondeada: en realidad, se trata de tumores benignos del tejido adiposo. En cambio, los quistes sebáceos se forman por obstrucción de una glándula sebácea de las múltiples que hay en la piel; la producción de sebo es necesaria como lubricante e impermeabilizante cutáneo. Cuando la boca de la glándula se obstruye, el sebo no puede salir al exterior, y primero se forma un comedón o punto negro o blanco, pero si persiste la obstrucción el sebo se sigue acumulando y dilata el fondo de la glándula, formándose una bolsita sebácea redondeada de tamaño variable bajo la piel. Los lipomas no suelen dar problemas, salvo de incomodidad, según el sitio donde estén, o estéticos. Pero los quistes sebáceos tienen el problema de que el poro de la glándula comunica el contenido con el exterior, y por él pueden pasar gérmenes de la piel que infecten el sebo. En este caso, el quiste se infecta, formando un absceso lleno de pus que hay que vaciar y dejar que cierre posteriormente con el tiempo. Por ello, siempre se aconseja quitar los quistes sebáceos, para eliminar el riesgo de infección. La mayor parte de lipomas o quistes sebáceos pueden extirparse fácilmente bajo anestesia local mediante técnicas de cirugía plástica y reparadora, quedando una pequeña cicatriz que se sutura cuidadosamente.
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