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Las inyecciones de botox son un tratamiento seguro se realizan por un médico que haya recibido una adecuada formación sobre el producto. Su uso correcto representa un extraordinario avance para la cosmética pero un tratamiento mal aplicado puede originar facciones paralizadas e inexpresivas, aunque siempre con caracter temporal mientras dura el efecto de la toxina. Si no se inyecta con precisión puede darse una ptosis o caída del párpado, dejando el ojo como medio cerrado. Esto desaparece al cabo de un mes aproximadamente, proceso que se puede acelerar con la ayuda de colirios específicos. Por otra parte, y aunque se trata de un tratamiento prácticamente inocuo, podría aparecer algún leve hematoma en la piel que desaparece en unos días. Muy ocasionalmente puede producir dolor de cabeza entre el primer o segundo día de su aplicación. No se puede utilizar el botox si se padecen ciertas enfermedades neurológicas o alergia a la albúmina. Además, hay algunos medicamentos incompatibles con el botox, de ahí la importancia de acudir a un especialista. Tampoco se aconseja utilizarlo durante los meses de embarazo. Por último, las inyecciones de toxina botulínica no debe administrarse a pacientes que están tomando medicamentos como la tetraciclina, lincomicina y otros antibióticos aminoglucósidos como la gentamicina, neomicina y estreptomicina ya que estos medicamentos tienen la capacidad de interactuar con la toxina y aumentar el riesgo de efectos secundarios.
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